Orinoco: El más grande y más inocente

En los momentos en que Venezuela padece una gran calamidad por las lluvias continuas, el desbordamiento de ríos y quebradas, el hundimiento de puentes y carreteras, la pérdida de vidas humanas y de bienes materiales, incluidos sembradíos y ganado de todos los tipos, se hace necesario que el país estudie seriamente, en todos los niveles, lo que debe ser la respuesta a estos fenómenos naturales, que siempre son más dañinos por la acción vandálica e irracional de los seres humanos, que abusan  permanentemente de la Naturaleza.

Pero sobre lo que pretendemos llamar la atención es en la “conducta” del Río Orinoco en estos momentos de angustia que pasamos.

Con sus 2140 km, lo que lo sitúa como uno de los más largos de Suramérica y con un caudal de 33.000 metros cúbicos por segundo apenas le superan el Amazonas y el Congo, es de suponer que este monstruo de las aguas sería el responsable, en primera instancia de todas los desbordamientos y catástrofes que enfrentan los venezolanos en estos instantes de dificultades.

Pero nada más lejos de la realidad. El gigantesco Orinoco cuyas subidas son seguidas con acuciosidad por los ribereños, no actúa traicioneramente, ni con engaños ni nada parecido. A diferencia de esos ríos de montañas que en un instante se muestran serenos y al siguiente son unos demonios, el Orinoco crece con la gente. Es decir los pobladores de sus riberas conocen incluso hasta cuánto subirá cada día. Por eso es secular el comportamiento digamos por ejemplo de los waraos con respecto al Río. Ellos que  han  vivido eternamente a expensas de aquel, tienen sus chozas o bohíos “al lado del río”, y lo van mudando en la medida en que crece, para después volver a trasladarlas hasta el lugar primigenio.

E igual pasa con las comunidades del Bajo Delta. Sus habitantes están conscientes año por año de lo que hará el Orinoco  y cuando resultan anegados, más es por negligencia que por “maldad” del Río. Es curioso este fenómeno y consideramos que no ha sido estudiado debidamente para, en este caso concreto, tomar las medidas de previsión que contrarresten su crecida anual.

Por lo demás si de este Rio no puede hablarse sino con cariño y agradecimiento

Además de permitir la navegación de grandes embarcaciones y de las pequeñas curiaras, lo que permite el intercambio grande del país en hierro, aluminio, metales preciosos etc., así como el pequeño, el de la vida cotidiana de todos sus pobladores. Porque a la par de poseer todos los tipos de peces, aves, plantas y todo lo que se requiere para el consumo humano, El Orinoco es un eterno canto a la vida.

Las lluvias pueden producirse con la potencialidad que quiera, el Orinoco utilizará permanentemente su caudal para depositarlas mansamente en el mar, permitiendo que el hombre de sus riberas no tema por sus furias, sino que cante a sus bondades

 

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