Libia tras la caída de Gadafi

No se requiere de un lente mágico, ni de las virtudes  de un adivino, para señalar con seguridad que los días de Muamar  Gadafi como Presidente de Libia están contados. Y en este específico caso se dan las circunstancias que a la oposición interna del régimen, dividida por decir lo menos porque debe reconocerse que mercenarios u obligados, todavía el mandamás árabe cuenta con seguidores, se une la comunidad internacional, que en este caso es casi unánime en rechazarlo.

Bastaría para corroborar lo asentado revisar el acuerdo de las Naciones Unidad, la Comunidad Europea y el de la mayoría de organizaciones del mundo.

En el caso específico de los Estados Unidos, el Presidente Obama como la Secretaria de Estado Hilary Clinton han sido enfáticos al indicar que esa potencia no solamente apoya las medidas económicas, sino que está presto tanto a apoyar a los rebeldes, si éstos lo solicitaran  ayuda, como a intervenir directamente en aquella región.

Ahora bien si todos están de acuerdo en que salga Gadafi, en que debe ser juzgado, ¿qué detiene el que también estén prestos a intervenir unidos, en un ataque militar?

El asunto es muy claro. Si bien el Coronel aparece como caído, lo que sigue no lo tiene claro nadie, y allí precisamente comienzan las diferencias entre las potencias que tienen fuerza militar y posibilidades interventoras.

Si bien Libia es un pozo petrolero del que  todas las aves de rapiña quieren beber, el futuro puede presentarse bien complicado para los clientes aceiteros.

Allí, a diferencia de Egipto en el que el mismo ejército que apoyaba de Mubarak se encargó de que “se cambiara para que todo siguiera igual”, lo mismo  que en Túnez,  en Libia algunos expertos en Asuntos Internacionales como  Robin Denin, consideran que puede producirse, tras la salida de Gadafi, un vacío de poder de enormes proporciones, en el que  todo bicho raro, incluido Al Qaeda, o cualquier otro grupo radical podría intentar sacar provecho.

Tanto Estados Unidos como Rusia, cuando era Unión Soviética, debieron pagar bien cara su presencia en Afganistán, y ahora sobre todo a los rusos les frena que pueda repetírseles el monstruo que quisieran frenar de todas las maneras.

Por lo demás aún las grandes potencias tienen temor a que la crítica internacional las considere como vulgares invasoras. De allí que Francia, por ejemplo, plantea que acompañarían una intervención armada solamente si es apoyada por las Naciones Unidas.

En síntesis que mientras continúa el desgarramiento de la nación árabe, las grandes potencias deshojan la margarita y tendrán que consultar a los más refinados oráculos a fin de saber hacia dónde irá la Libia Post Gadafi

Apomar2307@hotmail.com

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