Margaret Tharcher: Odiada y amada más allá de la muerte

Ni  siquiera en una broma macabra, pueden compararse los daños materiales causados en Hirhosima el 6 de agosto de 1945 cuando se produjo el primer bombardeo atómico, ordenado por el presidente de Estados Unidos  Harry Truman, con un saldo 120 mil muertos y cerca de 400 mil heridos, con el hundimiento del buque” General Belgrano” de la armada argentina el 2 de mayo de 1982 por el submarino nuclear británico “Concorde” en el que apenas se produjeron 323 muertos. Claro que no hay ninguna similitud. Sin embargo ambos acontecimientos, separados por 37 años de lejanía, tienen dos asuntos curiosamente coincidentes. En ambos la superioridad aplastante de uno de los contendientes obligó al rendimiento inmediato de su adversario. En el primer caso Japón se entregó, y se puso punto final a la Segunda Guerra Mundial, y el otro , la dictadura de Leopoldo Galtieri , abandonó las Islas Malvinas, que aún cuando geográfica, moral y políticamente pertenezcan al suramericano país, mantienen una hegemonía británica , que ha resistido todas las protestas, y que por ahora parece consolidada con el reciente plesbicito en el que casi el ciento por ciento de los habitantes de esa región prefieren llamarse Falklands  que Malvinas y hablar  inglés en vez de gaucho.

¿A que mente diabólica se  le ocurrió emplear un submarino nuclear contra un viejo buque, desecho nortearicano, que ya había hecho su pasantía en Pearl Harbour?. Pues nada menos que a la Dama de Hierro Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteve.

Sin temblarle el pulso, ni variarle el tono de voz, según algunos testigos del Gabinete de Guerra, reunidos en la residencia campestre “Checkers”, la Primera Ministra tomó la decisión que pudo haber matado a los 1093 tripulantes de la nave, pero que según afirmó la Thatcher ello conduciría, dado el enorme despliegue de fuerza al rendición del dictadorzuelo argentino, como en efecto ocurrió. Así era ella de firme, sin ninguna contemplación en los mandatos que aprobaba.

La nueva Winston Churchill

Firme creyente en los principios más conservadores del Reino Unido, Margaret Thatcher debió superar serios prejuicios en la sociedad inglesa, y todo lo consiguió con preparación, capacidad de trabajo y convencimiento en lo que hacía y decía. Fue así la primera mujer en llegar al Gabinete Británico-ministra de Educación, la primera en dirigir un partido y la primera en convertirse en Primera Ministra, única hasta ahora  y dirigir desde el número 10 de Downing Street, a una potencia de la jerarquía de Inglaterra. Su actuación, con bemoles importantes porque desde salvar la economía durante parte de su encumbramiento de once años, con dos reelecciones y la renuncia en su tercer gobierno, también con críticas severas a su gestión, hizo que se le comparara en repetidas ocasiones con Winston Churchill, sin duda el más respetado de todos los  primeros minstros de  cualquier región del mundo, y sin duda una de las figuras cumbres, si acaso no la mayor del siglo XX

Entre las tareas que cumplió estuvieron la desregularización del sector financiero, la flexibilización en el mercado laboral y la privatización de muchas empresas públicas. Ello es como lógico, le trajo adhesiones profundas y rechazos sólidos.

ENEMIGA DE LOS SINDICATOS

Si algún sector de la sociedad tuvo en la Thatcher a un enemigo frontal, éste fue el sindical. La Dama de Hierro consideró por siempre al sindicalismo como una plaga, a la que debía combatirse sin tregua. Desde su propia participación parlamentaria señalaba que los sindicatos sólo entorpecían la democracia parlamentaria. Como Primera Ministra de llegó a decir que “destruyó el poder sindical por casi una generación”.

Desde luego le acarreó la presencia de huelgas constantes, y rechazos que llegan aún más  allá de su propia muerte, en la que sectores brindan por “la muerte de esa perra” y celebran con champaña su desaparición. En 1984-85debió enfrentarse a la huelga de los mineros , tan terrible que incluso llegó a decir: «Tuvimos que luchar con el enemigo en el exterior en las Malvinas. Siempre tenemos que estar alerta del enemigo interno, el cual es más difícil de combatir y más peligroso para la libertad”

El resultado de esa huelga fue de miles de trabajadores despedidos y cientos de centros de trabajo desaparecidos. Pero nada de ello detenía a la Dama de Hierro.

SU LUGAR EN LA HISTORIA

Margaret Thatcher  no ha sido desde luego la única Dama de Hierro de la Historia. Junto al suyo se colocan nombres como el de Golda Meier, Indira Ghandi o Angela Merkel, pero como todas ellas ha dejado una profunda huella y su memoria será por siempre un elemento para la disputa entre quienes la idolatran y aquellos que la odian mucho más allá de la muerte.

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